"Los mitos son las almas de nuestras acciones y nuestros amores. No podemos amar más de lo que creemos". Paul Valéry

martes, 15 de enero de 2013

LOS CHORROS DE EPINA Y LA LEYENDA DE GARA Y JONAY.

Cuenta la leyenda guanche que el agua que mana de la fuente de siete caños situada en la isla de La Gomera, es milagrosa. Una de las leyenda conocidas sobre los Chorros de Epina, como es conocida esta fuente, dice que el agua es capaz de descifrar el destino amoroso de aquellos que se miren en ella; si el reflejo que devuelve el agua es nítido, significa que esa persona tendrá suerte en el amor, pero si, por el contrario, el reflejo es turbio, esa persona estará condenada al sufrimiento y al desamor.

Y es aquí donde la leyenda de los Chorros de Epina se mezcla con otra leyenda guanche; la historia de amor entre dos jóvenes, Gara y Jonay. Todos los años, el día del “Beñesmén” (fiesta guanche en la que celebraban la llegada del nuevo año y en la que honraban a sus dioses, que coincidía con la fecha de la recogida de la cosecha), las jóvenes en edad casadera se acercaban a esta fuente para ver que les deparaba el futuro en el tema amoroso. Cierto año, una de esas jóvenes era Gara, la princesa de Agulo. Al llegar a la fuente, Gara se miró en el agua para conocer su avenir y pese a que en un primer momento el agua se mostró nítida, rápidamente ésta empezó a enturbiarse y a agitarse y de pronto, en medio de todo, apareció un sol abrasador. Gerián, el encargado de interpretar los símbolos mágicos, advirtió: “Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del fuego, Gara, o el fuego habrá de consumirte”.

Por esa época llegaron a La Gomera desde Tenerife los Menceyes (reyes de los guanches), acompañados de sus familiares y de otros nobles. Entre ellos, viajaba el Mencey de Adeje junto con su hijo Jonay. Desde el primer momento, Gara se quedó prendida de este apuesto joven y él no tardó en corresponderla. A los pocos días se anunció su compromiso, y en ese mismo momento, el Teide, conocido como Echeyde (infierno), empezó a escupir lava y fuego de una forma tan aterradora, que era posible verlo desde la isla de La Gomera. Es aquí donde el presagio anunciado por el sabio Gerián toma forma:

                Gara, princesa de Agulo, lugar del agua.

                Jonay, procedente de la Isla del Infierno, fuego.

Este amor era por tanto, imposible. Las familias de ambos decidieron romper esta unión que solo podría traer desgracias a las gentes del lugar. Cuando el vínculo entre Gara y Jonay estuvo roto, el volcán tinerfeño recuperó la calma. Jonay volvió a Tenerife aunque no se resignó a perder a Gara e inflando dos vejigas de animal se echó a la mar en plena noche. Cuando las fuerzas le flaqueaban, las vejigas le ayudaban a mantenerse a flote y así, a la salida del alba arribó a las costas de La Gomera y fue en busca de su amada. Juntos decidieron escapar por los bosques de laurisilva. Pero el padre de Gara se enteró de la huida de su hija y fue en su busca acompañado por un numeroso grupo de hombres. No tardaron en encontrarlos, y éstos en su afán de huir subieron al monte más alto de La Gomera donde se dieron cuenta de que no tenían escapatoria. En ese momento decidieron que preferían morir juntos que vivir separados por lo que cogieron una vara de cedro y la afilaron por los dos extremos. Cuando estuvo lista, apretaron sus pechos contra la punta y se fundieron en un abrazo eterno, mientras la vara se clavaba en sus corazones. De esta forma consiguieron estar juntos para siempre.

Actualmente, en la isla de La Gomera se sitúa el Parque Nacional de Garajonay, nombre que proviene de esta vieja leyenda guanche.

Otras leyendas:
-“Si bebes de los siete caños te casa en un año”.

-Para encontrar el amor, las mujeres deben beber de los caños pares empezando por la izquierda y los hombres, de los impares y sólo las brujas beben del caño de los hombres.

-Los dos primeros caños corresponden a la salud, los dos siguientes al amor, otros dos a la fortuna y el séptimo queda reservado para las brujas.

Las familias adineradas de Vallehermoso enviaban a sus criadas a Epina con el fin de coger agua de esta fuente, y para cerciorarse de que realmente se trataba del agua de los Chorros de Epina, debía aportar, además, una hoja de aderno, un árbol que sólo crecía cerca de esta fuente mágica.



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